Exposiciones

Abigail Lazkoz

16 Ene. 2026 / 27 Feb. 2026

Decía Gustavo Bueno que la mesa es el suelo de las manos. Pienso entonces que bidimensionar podría tener que ver no solo con generar objetos en dos dimensiones sino con toda acción que nuestro cuerpo realiza al toparse con una superficie de la que no se puede zafar. La mesa y el suelo, ahí plantados, nos obligan a gestionar su naturaleza sólida, su condición de obstáculo plano. Lo mismo sucede con una pared. Frente a ella nuestro cuerpo, si no se esfuerza a lo Bruce Nauman, parece tener solo dos opciones, o bien adaptarse a la verticalidad o, como los presos de If, intentar arañar su cáscara.

Desde cierta perspectiva, superficies como los lienzos, las pantallas y las cavernas podrían parecernos membranas que el mundo pone a nuestra disposición para que nosotrxs lo proyectemos. Sin embargo, desde el enfoque del bidimensionar que propongo, todos los obstáculos definidos por un largo y un ancho serían no solo esa planitud que Clement Greenberg reivindicaba, sino también una suerte de exoesqueleto. Una moldura a la que respondemos para, como los gatos en una caja estrecha, experimentar el cuerpo a partir de límites ajenos.

Prueba de este enfoque un tanto inusual respecto a la relación que lxs artistas establecen con lo bidimensional sería el descubrimiento del subgénero pictórico que, desde hace siglos y no solo en los lirios de Monet, reflexiona en torno a la curiosidad con la que nuestro cuerpo aborda las superficies y su naturaleza variable. La vitela como mesa de estudio de gemas, plumas y flores en el Libro de horas de Engelbert de Nassau, el lecho como bastidor del cuerpo en el Cristo muerto de Holbein, el lienzo como paredón en Las Meninas, los manteles como llanura en las escenas domésticas de Bonnard. Pienso que estas obras proponen algo que no es tanto una tematización soterrada de lo plano como una destilación inesperadamente compleja de su experiencia.

Con estas cuestiones entronca precisamente Powers of ten, el picnic de último momento propuesto hace 50 años por Ray y Charles Eames. En El Vivero bilbaíno que yo conocí las mantas serían escocesas, pero en el Chicago de 1977 se trata de tejidos a rayas de posible origen navajo. Pues bien, en Powers of ten esas telas generan un rectángulo dinámico dispuesto diagonalmente respecto al plano de hierba. La vista cenital, que en cuatro minutos nos habrá llevado de un parque a la vía láctea, nos muestra una constelación de platos y libros cuyo desorden no acata un mantelito de cuadros colocado sobre la superficie rayada. Aunque no habíamos reparado en él, ese estampado vichy se alinea escrupulosamente no con la campa, sino con la diagonal que las mantas generan sobre ella. Tal es su capacidad para influir en la forma y el color de la composición que los cuerpos de la pareja, coreografiados para el reposo, trazan una ele perfecta alrededor de él.

Si lo pensamos bien, un bodegón puede considerarse una estampa costumbrista sin gente, un pequeño rincón dentro del escenario inerte que prometían aquellas bombas de neutrones que arrasaban lo vivo y respetaban lo inanimado. El picnic de los Eames, ese pequeño muestrario de la civilización occidental, tan cartesiano como un cuadro de Hans Hoffman y tan rectangular como las láminas de vidrio que sujetan las muestras de laboratorio, reflexiona a través del encuadre sobre lo relativo del tamaño de las cosas y de lo que consideramos el límite entre ellas. En algún momento del zoom microscópico con el que, después de ver el universo, Charles y Ray nos muestran una célula, bien podría aparecer una garrapata que, inoportuna como los ratones en los bodegones holandeses, transformara el picnic en un thriller.

Abigail Lazkoz (Bilbao,1972), artista visual. profesora e investigadora. En 2003 se traslada a NY donde vive y desarrolla su labor artística hasta 2013. En la actualidad es profesora agregada del Departamento de Pintura de la Universidad del País Vasco.
Dedicada a investigar en torno a las posibilidades del dibujo como práctica expandida vinculada estrechamente con la pintura y la escultura, ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, en galerías, museos y centros de arte de carácter nacional e internacional. Entre ellos, Círculo de Bellas Artes, Madrid; La Casa Encendida, Madrid; The Drawing Center, Nueva York; Momenta art, Brooklyn; PS1-MoMA, Nueva York; MUSAC, León; Queens Museum of Art, Nueva York; Fundación Marcelino Botín, Santander; Centre D’Art La Panera, Lleida; Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao; Sala Rekalde, Bilbao; Artium, Vitoria-Gasteiz; Fundación Joan Miró, Barcelona; Museo Nacional Honestino Guimarães, Brasilia; Mucsarnok, Budapest; MAMA, Argel; Sala Parpalló, Valencia; Las Cigarreras, Alicante; Centro esperimentale per le Arti Contemporaneo, Caraglio, Italia; MARCO, Vigo; MAS, Santander; MACUF, a Coruña; CDAN, Huesca; CAB de Burgos, Burgos; Museo San Telmo, Donostia-San Sebastián; Museo ABC de dibujo, Madrid; Tabacalera, Madrid y Museo de Navarra, Pamplona. Algunos proyectos específicos permanentes se encuentran en el PS1-MoMA, Nueva York, en el Complejo memorial del Campo de concentración de Miranda de Ebro, y en el edificio Términus de Bilbao.
Hasta el 8 de marzo de 2026 puede visitarse la exposición individual “Tengo un animal singular” en el DA2 Domus Artium de Salamanca. En ella, la artista revisa su trayectoria iniciada en 1996.