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Una excusa

23 / Noviembre / 2016

Como su título indica, esta exposición se ha planteado como una excusa. Una excusa para exponer con mi padre. Se trata de un ejercicio de compromiso sentimental además de la celebración de una profesión que ambos compartimos. Es la confrontación de dos universos creativos muy alejados entre sí, tan alejados que hubiese resultado muy forzado encontrar un nexo de unión, un elemento que aglutinase nuestras dos maneras de ver, entender y hacer arte. Es por ello que desde un primer momento decidimos plantear este diálogo como lo que realmente es, un pretexto para organizar una muestra de carácter conmemorativo, una fiesta.
Las obras que forman parte de esta exposición son muy recientes, prácticamente acaban de salir de nuestros respectivos talleres. En cada una de ellas se materializa aquello que nos preocupa u obsesiona, aquello que nos empuja a hacer arte. En el caso de Ángel, su obra “Bajo el paisaje” continúa evidenciando unos rasgos que han definido su producción escultórica en los últimos años: un marcado simbolismo, la repetición constante del binomio positivo-negativo, la dualidad cromática y la presencia de elementos figurativos de naturaleza alegórica. Sigue estando presente su obsesión por los elementos totémicos, casi mágicos, de los que se sirve para dar sentido a su universo.


Mi propuesta se encuentra en las antípodas de la de mi padre. Las cuatro obras que forman parte de esta exposición tienen un carácter profundamente narrativo, una evidente literalidad y una naturaleza escrupulosamente realista. Frente al universo mágico e intimista de mi padre, mis obras plantean una reflexión acerca de la naturaleza del poder y la utilización del arte para legitimarlo a lo largo de la historia. Estas cuatro obras pertenecen a mi serie “POWER”, donde sigo dando muestras de mi obsesión por la construcción del relato histórico y el papel que el arte juega dentro del mismo.


Como he dicho anteriormente, esta exposición se ha planteado como un juego y una celebración, una ocasión para confrontar dos formas de entender el arte y su función dentro de nuestra sociedad. En este juego, enfrentamos nuestros universos sin prejuicios y sin barreras, solo con el objetivo de medirnos el uno al otro sin esperar que nadie salga vencedor. Quizás esta exposición tenga un solo objetivo: el de comprendernos a nosotros mismos y por qué nos dedicamos a lo que nos dedicamos.