Noticias

Tu nombre está seguro en mi boca

23 / Abril / 2019

TU NOMBRE ESTÁ SEGURO EN MI BOCA
“Las formas de amar estaban manchadas por el miedo y el apego.”
Los Atlantes, Gabriela Damián.

“Mi extravío no era notado, sólo mi intimidad estaba loca”. Tomando como punto de partida estas palabras de Maurice Blanchot para referirse a una pérdida vivida, quiero adentrarme en este proyecto de Elssie Ansareo, en el que muestra una serie de imágenes que responden a espacios abiertos, casi inabarcables, donde la palabra deja de tener una función cuantitativa y el silencio es la base argumental para vertebrar la posibilidad de entender lo inalcanzable. Los espacios que fueron habitados y que hoy muestran el paso de un recuerdo, nostálgico o no, lleno de significado, aquello en donde la belleza nos hizo partícipes de un encuentro; un encuentro que aún habiéndose desvanecido parcialmente por el tiempo y la bruma del amanecer dejó pequeñas gotas de rocío que todas las mañanas nos acompañan en nuestro despertar.
Ese sentirse habitado por el otro (por ese otro diferente al yo o por ese otro lugar-espacio) que nos aporta calma y sosiego y repentinamente nos hace padecer que nada hay en nuestro interior, no responde sino a una pérdida de significado; nuestro estado relacional va unido a esa sensación de bienestar, de habitabilidad y continuidad, mientras que la pérdida, nos hace creer en vacíos dentro de la linealidad temporal, en sentirnos deshabitados. Una vez transcurrido el duelo, descubrimos fugaces imágenes que se nos presentan sin un rostro aparente, casi a modo de fantasmas o apariciones, en ese momento, como en los sueños más profundos que al despertar intentamos llenar de significado, los personajes jamás son figurados de forma real (es decir, tal como nuestros ojos los han dibujado para nosotros), sino que son figuras que hacen referencia a personas que han estado, que están o que incluso desconocemos, es así como descubrimos la imposibilidad de no habitar y no estar habitados, pues son esas pinceladas, esas imágenes fugaces las que nos muestran nuevamente todo aquello que la belleza nos mostró en un momento de silencio.
En la exposición, este relato viene acompañado de imágenes de espacios que fueron ocupados y por los que hoy podemos transcurrir, junto a figuras fantasmagóricas que representan un pasado que fue, y un futuro que pueda ser, mientras el presente se resuelve en la posibilidad de dar significado a ambas. El tiempo, a modo de tríptico floral, es el motor que nos permite articular la relación entre los diferentes estados. “Lo peor era la brusca, horrorosa crueldad de la luz; no podía ni mirar ni dejar de mirar; ver era lo espantoso, y parar de ver me desgarraba desde la frente hasta la garganta”, Maurice Blanchot.


Itxaso Mendiluze